ABOUT GUILLE VIDAL RIBAS


 

Cuéntanos Guille, ¿Cómo fueron tus inicios en el mundo artístico? 

Mi familia quería que hiciera alguna actividad extraescolar. Yo quise tocar la batería, pero imagino que a mi madre no le hacía mucha ilusión tener a un niño de 6 o 7 años dando mamporros en casa… Terminé apuntándome a los Talleres de Teatro de La Unió, en Sant Cugat del Vallès, mi ciudad: una escuela donde tuve el placer de divertirme, crecer y descubrir el juego teatral junto a Sílvia Servan (en paz descanse), una actriz, poeta y directora a quien considero mi “madre” artística. Los primeros textos que representamos los escribía ella misma, primero a mano y luego con máquina de escribir —¡que pena no conservar ninguno! Hicimos teatro en sala y en calle, muchísima comedia. Incluso me introdujo en la televisión, donde hice algunas apariciones en series de TV3 con 11 y 12 años.

No sería quién soy si no hubiera pasado por ahí, y me enorgullece que a día de hoy sean algunos de mis compañeros de entonces quienes gestionan los talleres, todavía en marcha, que llevan ahora el nombre de Sílvia Servan. Ojalá estas líneas puedan servir en cierta medida de homenaje y agradecimiento hacia ella. Nos cambió la vida a muchas personas que en la actualidad nos dedicamos de una u otra forma a las artes escénicas. Si consigo dejar una huella en alguien a través de mi oficio, aunque sea diez veces menor a la que ella dejó en mí, ya puedo darme con un canto en los dientes.

 

¿Cómo conectaste con las danzas urbanas?

Las descubrí por casualidad. Había probado clases de danza jazz, pero las dejé porque tanto mis compañeros del colegio como las niñas con quienes bailaba se reían de mí. De todos modos, no acababa de ser el tipo de baile que me interesaba. Al año siguiente —si no recuerdo mal era el 2000 o el 2001—, fui a ver una actuación de mi prima Andrea (¡un beso, prima!) en el campeonato de funky y hip hop que organizaba Irene Pallarés en el Pavelló Olímpic de la Vall d’Hebron. Flipé: era eso lo que andaba buscando. Ese mismo día vi actuar a Estilo (Kanga, los Brodas, Úrsula Rilo, Sara Delgado…) y a Groove Team (Hector Hope y Rosa Lechón, Frank da Costa…). Lo tuve claro.

Terminé apuntándome a clases en la Escola Sant Cugat, que llevaban Héctor y Rosa Lechón. Era de los pocos lugares donde, aparte de las coreografías típicas de esos años, también se podía aprender locking y popping, y más tarde otros estilos como breaking, house, krump… A veces me escapaba a eventos de breaking y me asomaba por los entrenos de la estación de Sants y del Centre Cívic Les Corts.

Y una cosa llevó a la otra: empezamos a ganar campeonatos en distintas categorías y finalmente dimos el salto de forma semiprofesional con dos espectáculos de larga duración, bajo el nombre de Compañía UNIQ. En 2007 entré también en Estilo, bajo la dirección de Joan Carles Valls “Kanga”. En paralelo participé en algunos espectáculos de Brodas Bros en sus inicios.

Yo era de los más jóvenes, y aunque nuestra actividad no solía ser verdaderamente profesional, los procesos de creación y ensayo que llevamos a cabo y los bolos que hicimos fueron la mejor escuela que pudiera haber tenido. Me siento afortunado por haber vivido esos años. Entonces las cosas eran muy distintas: había menos gente bailando y muchísimos menos eventos que ahora; Internet todavía estaba creciendo y no era tan fácil acceder a la información sobre danzas urbanas, que además era prácticamente inexistente en el circuito escénico profesional en nuestro país.

El colofón fue el momento en el que Kanga me introdujo en el espectáculo “Mientes + k parpadeas” de Color Dansa, que combinaba flamenco y danza urbana. Eso fue un antes y un después para mí y, según me consta, también para los que vivieron sus primeros años, como Pol y Lluc Fruitós o el mismo Kanga (se estrenó en 2004 en el Teatro Novedades de Barcelona). Nos permitió comprender mejor cómo funcionaba una compañía profesional de verdad: horas de ensayo y bolos adecuadamente pagados, contratos, una estructura de productora sosteniendo el proyecto… Y en 2008 “Hermanos de Baile”, junto a Hector Hope y artistas de flamenco y claqué: estuvimos tres años girando por España y haciendo temporadas en Barcelona y Madrid. Ahí fue cuando realmente asumí que me estaba dedicando profesionalmente a la danza.

Fundamentalmente, ¿cuál crees que es tu papel como docente de estas?

Creo que con el tiempo cada docente va encontrando su camino y aquello que hace que su pedagogía sea particular. Aquello que te distingue de los demás y te permite poner el foco en aquello que sabes que puedes aportar a la comunidad desde la docencia.

En mi caso esto tuvo mucho que ver con mis estudios de arte dramático, clown, teatro físico y de máscaras, así como con mis estudios universitarios, que continúo desarrollando a día de hoy con un máster de estudios teatrales (investigación académica en el ámbito de las artes escénicas).

Me especialicé en locking e inicié una investigación al respecto para mi trabajo final de carrera de humanidades —que empecé estudiando presencialmente y que terminé a distancia después de ocho años y medio debido a la cantidad de bolos que tenía por entonces. Mi investigación analizaba la relación entre el/la locker y su público, partiendo de la hipótesis de que esta danza funcionaba como una especie de seducción. Introduje en ella elementos provenientes de la actuación, estudios de comunicación no verbal, historia de la cultura afroamericana y musicología del funk. El día en que Don Campbell me confirmó, tras un rato de charla, que a través de la danza él lo que quería era hacer amigos, ¡sentí que el puzle terminó de encajar!

En los últimos años me he dedicado a dar clases en estudios de formación profesional o superior: Institute of the Arts, Som-hi Dansa, Esart, Institut del Teatre… donde puedo desplegar e interrelacionar con comodidad mis intereses académicos y artísticos a través de la docencia de la danza de forma práctica y teórica, trabajando con alumnos que bailan distintas disciplinas y que suelen moverse fuera del ámbito de las danzas urbanas.

Explícanos los diferentes proyectos en los que estás vinculado, como coreógrafo, actor y otras facetas que tienes.

Con la tontería uno va haciendo y a día de hoy he participado en una treintena de espectáculos de danza y teatro, como intérprete, coreógrafo, dramaturgo o director de escena. Echando la vista atrás, me doy cuenta de que siempre me he movido en la frontera: me llamaban para espectáculos de danza pensando en mis dotes como actor, y para los teatrales pensando en mí como bailarín.

En estos momentos estoy de gira con dos proyectos: uno de teatro visual y danza para público familiar con la cía. Mucab Dans y otro que creé junto a mi compañero y b-boy Javi Casado llamado “Transmissions – Conferencia ilustrada sobre danzas urbanas” (www.transmissionsdansa.com). Este último es una conferencia-espectáculo mediante la cual explicamos las danzas urbanas en sus múltiples dimensiones: artística y estética, ideológica, histórica, política, sociológica, mediática… así como su relación con la evolución de la música popular y las influencias que han recibido las danzas urbanas desde otras artes, por ejemplo.

También he hecho mucha coreografía y dirección de movimiento para actores en obras de teatro. La última y más sonada, “A.K.A. (Also Known As)”, un texto de Daniel J. Meyer dirigido por Montse Rodríguez que se ha llevado muchos premios, entre ellos cuatro Butaca y dos Max. Aún estáis a tiempo de verla —una vez nos dejen recuperar la actividad cultural después del confinamiento, claro está.

Y a la vista está un espectáculo de danza participativo para calle, con música en directo. Íbamos a estrenar esta primavera, pero hemos tenido que posponerlo. Todo llegará.

En el ámbito del audiovisual, hace varios años que ejerzo como coreógrafo de videoclips y publicidad (www.guillearts.com).

Sabemos que estas vinculado con el HOP Festival, cuéntanos cómo se desarrolla tu papel dentro como coorganizador.

Descubrí el HOP con la primera edición del Certamen de Creación Escénica de Danzas Urbanas, que ya no existe. Presenté un dueto de danza-teatro con Anna Rodríguez, bailaora. Por fin existía un espacio destinado a dar apoyo a los artistas de estas disciplinas a quienes nos interesaba profesionalizarnos en el ámbito de la creación escénica. Al cabo de pocos años entré a formar parte del equipo como jurado del certamen y asesor, hasta que me metí de lleno en 2017.

Fue entonces cuando el certamen desapareció para dar paso a un festival profesional, en el que los artistas cobraran por bailar, sin la incertidumbre de si ganarían o no un premio. Creo que fue un cambio positivo, y cualquiera que repase las carteleras del HOP desde sus inicios en 2011 verá que esta plataforma ha tenido mucho que ver en el desarrollo de muchos artistas vinculados a las danzas urbanas que actualmente se dedican profesionalmente a la creación de espectáculos.


Desde el HOP, que es un proyecto de la asociación El Generador Art i Creació Cultural, también se da apoyo a actividades de otros organizadores (el mismo Barcelona Funky Training, sin ir más lejos) y se ofrecen herramientas de formación y profesionalización a artistas emergentes y consolidados vinculados a la danza y la cultura urbana.

Somos cuatro codirectores: Juan Carlos Regidor, Mayte Luque, Javi Casado y un servidor. Las grandes decisiones las consensuamos entre todos, y luego cada uno gestiona algunas líneas específicas. En los últimos tiempos, por ejemplo, yo me he centrado más en cuestiones relacionadas con la comunicación del proyecto.

Pero es importante tener presente que el HOP ha crecido de la mano de la comunidad de artistas. Nuestra vocación es estar ahí para ella, escucharla y acompañarla en función de sus necesidades. Desarrollar proyectos y líneas de apoyo que les sean útiles, mediante un trabajo en red con agentes culturales locales e internacionales con quienes compartimos esos objetivos.

Por eso no puedo hacer otra cosa que animar a quién lea estas líneas y quiera saber más a entrar en nuestra web (www.hopbcn.com), descubrir lo que podemos ofrecerle y contactarnos. La razón de ser del HOP son los mismos artistas y el poder darlos a conocer al conjunto de la sociedad.

Sabemos que formas parte de la Asociación de Profesionales de la Danza de Cataluña (APdC). Nos gustaría conocer tu proceso de ser socio a pasar a ser un portavoz del equipo. La organización lleva desde 1987 luchando por los derechos e intereses de los profesionales de la danza. ¿Podrías contarnos más?

Desde muy pronto sentí que, como individuo y artista, tenía una responsabilidad para con el desarrollo profesional de nuestro sector y, en particular, en lo que respecta al reconocimiento social e institucional de las danzas urbanas como lenguaje artístico a la misma altura que otras disciplinas. Pero estas son luchas que sólo pueden cobrar sentido cuando adquieren una dimensión colectiva.

Al principio esta motivación se expresó más en el hecho de participar de la creación de algunos de los primeros espectáculos de danza urbana en Catalunya, que era donde desarrollaba mi actividad: en cierto sentido el trabajo de compañías como Estilo, UNIQ o Brodas sentaron las bases de un salto desde las competiciones a los escenarios —como hizo, antes que ellas, Barcelona Addictos en la segunda mitad de los 90. Pienso que estas formaciones allanaron el camino y sirvieron como fuente de inspiración a compañías que surgieron a continuación, como D’Block, e incluso algunas que no conocieron a esos grupos pioneros pero que se han beneficiado indirectamente de esos esfuerzos. En este sentido, pues, mi opinión es que esas creaciones tuvieron un valor más allá de lo artístico: contribuyeron a una progresiva profesionalización de las danzas urbanas e hicieron camino al andar. Echando la vista atrás creo que nuestro trabajo en la primera década de los 2000, consciente o inconscientemente, tuvo así un valor que también fue político y de consolidación y posicionamiento de las danzas urbanas en un marco cultural más amplio.

Esta motivación la canalicé luego mediante acciones de carácter más marcadamente activistas y de articulación de nuestro sector. Pienso ahora en la plataforma HHem de Parlar, que impulsé junto a Bea Vergés y Blanca Monreal, en unos años (2012-14) en los que en nuestra comunidad había riñas y debates constantes, pero que creo que contribuyó a generar diálogo y entendimiento entre nosotros, incluso si sus efectos no fueran siempre inmediatos o tangibles para muchas personas.

En cierta medida pienso también en los esfuerzos que realizamos varias personas de nuestro colectivo para dar a conocer y abrir al conjunto de la comunidad el proceso de construcción del ciclo formativo de grado medio en técnicas de danzas urbanas que algunas escuelas de danza impulsaron con el Departament d’Ensenyament de la Generalitat de Catalunya. Incluso la actividad que realizamos desde el HOP es mayormente activista, ejerciendo como una especie de lobby en favor de la creación escénica vinculada a las danzas urbanas, mediando con otros agentes culturales y administrativos para el desarrollo de oportunidades y circuitos para los trabajos de estos profesionales —algo por lo que no cobramos más que simbólicamente.

 

En cuanto a la APdC, me asocié a ella hace años. Me parecía natural formar parte de esta asociación si una de mis aspiraciones como profesional era que el sector de la danza urbana fuera tenido en consideración por parte del colectivo de la danza en general y, en última instancia, por las administraciones. Hace unos meses, el actual presidente, Xevi Dorca, me invitó a formar parte de su candidatura para las elecciones a la junta directiva de la asociación, con un grupo de profesionales de distintas edades y perfiles que atienden a distintos subsectores de la danza, en lo que a diversidad de disciplinas y realidades profesionales se refiere. Desde finales de febrero soy el secretario de la junta de la APdC (de nuevo, un cargo no remunerado).

Lo que me ha movido a dar este paso es seguramente el mismo impulso que me llevó a hacer todo lo demás: el convencimiento de que la danza y la cultura en general son un bien común y un derecho indispensable para el conjunto de nuestra sociedad, así como el compromiso firme con la necesidad de hacer piña para reivindicar nuestros derechos laborales y nuestro reconocimiento humano y profesional.

Desde aquí me ofrezco como interlocutor para todos los profesionales de las danzas urbanas que quieran hacer llegar su voz a la APdC y os animo a todas a descubrir la asociación, especialmente si desarrolláis vuestra actividad en Catalunya (www.dansacat.org).

 

¿Qué opinas de la situación laboral del sector de las danzas urbanas? ¿Cuáles son las dificultades a las que habitualmente se enfrentan sus profesionales?

Lo que ha conseguido el sector de la danza urbana en las últimas décadas, al menos en Catalunya, me parece alucinante. Partiendo de una escena underground en la cual nadie era profesional, hemos llegado a generar estructuras que dan de comer a muchísimas personas. Además, esto se ha conseguido, en muchas ocasiones, de forma ajena al resto del sector cultural. El triángulo establecido entre escuelas de danza, coreógrafos/profesores y competiciones me parece un ejemplo claro: es un circuito cerrado que permite trabajar a cientos de profesionales, que mueve muchísimo dinero y que moviliza a miles de personas de distintos territorios, edades y clases sociales.

También es innegable la enorme exposición de las danzas urbanas en medios de comunicación. Cabe destacar también su entrada en el circuito escénico, aunque de forma todavía tímida, a veces, pero sin duda influyente, sea en teatros o festivales, con nombres como Brodas Bros, Iron Skulls Co, IN-Motus, Aina Lanas, Nouva’s y otras compañías. O la proliferación de eventos de distinta índole a escala local, estatal e internacional en los que participan artistas, organizadores, DJs, diseñadores gráficos, speakers y tantos otros profesionales vinculados a estas danzas. En la misma línea se podría hablar de la cantidad de escuelas por todo el territorio que ofrecen clases de danzas urbanas, así como la entrada de estas disciplinas en ámbitos hasta ahora inauditos, como los conservatorios: sin ir más lejos, hace dos años que los alumnos del Institut del Teatre de Barcelona reciben clases de hip hop, locking, popping, breaking, voguing y waacking.

Tampoco quisiera dar a entender que todo es una maravilla, ni mucho menos. Por un lado, queda mucho por hacer, por ejemplo, en el hecho de que muchas personas que se dedican a la docencia de la danza urbana lo hacen trabajando en negro, sea porque en las escuelas no les ofrecen contrato o porque los docentes prefieren hacerlo así, creyendo que de esta manera tienen más libertad o ganan más dinero. Esto, además de ser ilegal, es también, en mi opinión, un grave error: ¿cuántas de estas personas que llevan años dando clases sin contrato se han quedado sin ingresos ni protección de ningún tipo durante estas semanas de confinamiento a raíz del Covid-19? Ojalá esta situación nos empuje a darnos cuenta de que la economía sumergida no es aconsejable para nadie. Ni lo es para el futuro de estos profesionales, que no están cotizando nada por ese trabajo y que quizás lo tendrán difícil más adelante, cuando necesiten pedir el paro por falta de actividad o cobrar una pensión digna cuando quieran jubilarse.

Por otro lado, en lo que a la creación escénica respecta, muchísimas coreógrafas y bailarinas de nuestra comunidad no saben que existen convocatorias de subvención pública o becas privadas para llevar a cabo sus proyectos, festivales y circuitos de programación a los que podrían mandar sus propuestas, etc. Aparentemente, a muchos profesionales les sigue tirando más la competición y los eventos con formato de concurso —que están muy bien, pienso, para empezar y darse a conocer dentro de nuestro mundillo y ganar experiencia creativa— pero desconocen que existen espacios donde uno ni paga por bailar ni baila esperando a ver si gana un premio, sino que cobra por subirse al escenario y compartir su arte. Es decir, por bailar de forma profesional.

Creo que es urgente que como colectivo nos pongamos las pilas en este sentido. Entiendo que muchas personas son muy jóvenes y no han tenido todavía tiempo de comprender cómo funcionan las relaciones laborales, los circuitos profesionales o los marcos fiscales en los cuales debería desarrollarse una actividad profesional. También es verdad que muchas personas no se sienten plenamente profesionales, quizás, porque la danza no es su única fuente de ingresos. Y en última instancia es cierto también que el sector de la danza en general carece todavía de los marcos jurídicos que han de reconocer las particularidades de nuestra profesión y hacer más fácil que podamos trabajar con contrato o de forma autónoma, de una manera sostenible y digna, atendiendo al hecho de que nuestra actividad es intermitente o a que por motivo de lesión o enfermedad nuestra carrera puede quedar truncada repentinamente. O, en el caso de las mujeres, quedarse embarazadas sin miedo a no tener ningún ingreso por dejar de bailar temporalmente.

¿Qué podemos hacer? Por un lado, intentar salir de la tendencia endogámica que tradicionalmente nos ha caracterizado, moviéndonos en una especie de circuito cerrado, y acercarnos a otros colectivos artísticos y culturales, para darnos a conocer y aprender de su experiencia. Muchas de las reivindicaciones que a veces escucho de boca de compañeros de las danzas urbanas ya tienen solución y respuesta: el problema es que no nos habíamos enterado de que existían. O, cuanto menos, ya hay colectivos que llevan años trabajando para generar soluciones —un trabajo, el del contacto con las esferas políticas, que puede llevar años de insistencia y negociaciones, pero que es fundamental para que nuestra situación personal y profesional mejore.

Así pues, siendo autocríticos y asumiendo una responsabilidad individual y colectiva, creo que deberíamos ser más proactivos e indagar más sobre las herramientas que tenemos a disposición para luchar por salir de la precariedad, de la ilegalidad y del aislamiento —aunque, reconozco, ese espíritu underground y outsider que tiene nuestro colectivo a veces parece que nos enorgullece: me pregunto si quizá porque hemos idealizado de forma romántica los orígenes marginales de nuestro arte y cultura, sin asumir que nuestra realidad no es ya la del South Bronx de los 70 y 80 del siglo pasado. Las cosas han cambiado mucho desde entonces, y el futuro de nuestras danzas se construye hoy.

Dado que estos últimos son un grupo con una incerteza laboral constante, ¿Qué crees que aportaría a un profesional de la danza urbana asociarse a la APdC?

La función principal de una asociación profesional de carácter sindical como la APdC es precisamente defender nuestros intereses como profesionales y contribuir a un desarrollo saludable y digno para la danza: no sólo para sus socias, sino para el conjunto de profesionales del sector y, por extensión, por el bien del conjunto de la sociedad, que es a quien en definitiva esperamos en frente para disfrutar y nutrirse de lo que hacemos como artistas.

Este tipo de tareas se concretan en distintas líneas de acción: impulso de políticas culturales, lucha por derechos laborales y por la inclusión de la danza en la educación obligatoria, y más. Luchas que, por más que nos pese, suelen ser intangibles y tardan en dar fruto, porque requieren de negociaciones que pueden alargarse incluso varios años. Sin embargo, es importante comprender que la APdC y otras asociaciones (a menudo de forma conjunta) ejercen como interlocutoras y representantes del sector de la danza ante las esferas políticas y las administraciones, quienes, al fin y al cabo, son las que deciden, administran los presupuestos públicos y tienen la capacidad de determinar en qué condiciones vamos a trabajar mediante la creación de leyes y marcos laborales apropiados a nuestras particularidades profesionales.

Además, la APdC ofrece servicios más inmediatos y tangibles: de consultoría profesional, jurídica y educativa; entrenamientos para profesionales, proyectos y becas para dar apoyo a los profesionales, formaciones gratuitas, descuentos en espectáculos, información sobre audiciones, subvenciones y convocatorias de programación cultural…

En los tiempos que corren, con el estado de alarma, la parada en seco de las escuelas de danza y del conjunto de actividades culturales en vivo, la problemática en la que se ven cantidad de profesionales a título individual por la falta repentina de ingresos… es más importante que nunca la tarea que están realizando las asociaciones, que trabajan duro para que los gobiernos estén al corriente de nuestros problemas y necesidades, así como para proponer medidas de apoyo y ayuda para todas nosotras.

A menudo, muchas personas que se dedican a la danza se quejan de que no se nos tiene en cuenta o de las malas condiciones laborales y abusos a los que nos hemos de enfrentar habitualmente, y con ánimo reivindicativo llena las redes o los grupos de Whatsapp de mensajes de crítica y lucha colectiva, apelando a unirnos todas para defendernos ante estas injusticias. Pasó con lo de la UEFA, con la gala de los Goya, con los MTV Awards o ahora con lo que estamos viviendo en relación al Covid-19.

Es genial que alcemos la voz: es necesario para visualizar nuestras problemáticas y reclamar que se nos reconozca como trabajadores que aportan un bien fundamental a la sociedad por medio de la cultura. Incluso es positivo si esto ha de promover una toma de conciencia colectiva y unirnos más. Pero si se preguntan qué más pueden hacer, especialmente en estos tiempos inciertos —que durarán meses para el sector cultural— lo tengo claro: el siguiente paso es asociarse. Las asociaciones son la mejor herramienta que tenemos a día de hoy para cambiar las cosas y lograr que nosotros —y los que vendrán mañana— podamos desarrollar nuestra profesión con dignidad, saliendo de una vez por todas de la precariedad y la invisibilidad, apretando a las administraciones e instituciones públicas para que nos apoyen y doten de las herramientas que necesitamos para mantener la cultura viva… ¡y la nevera llena!

Muchos profesionales, dado el estado de alarma por el Covid-19, se encuentran desorientados con la nueva situación económica… ¿Qué consejo podrías darnos para ellos? (tanto escuelas, profesores, alumnos, bailarines escénicos…)  

En los meses venideros será clave que vayamos a una y que nos mantengamos informadas y organizadas.
La web de la APdC es www.dansacat.org. En ella se está colgando información actualizada sobre las medidas que se están tomando para enfrentarse a la situación actual desde distintas administraciones e instituciones. Recomiendo echar un vistazo a sus contenidos y, en caso de dudas o si se necesita más información, que nadie dude en contactar por email: info@dansacat.org

También sugeriría entrar al nuevo portal que ha abierto la Generalitat de Catalunya para atender a los profesionales del sector cultural en esta comunidad autónoma, donde se ofrece un servicio de consultoría personalizado: http://conca.gencat.cat/ca/detall/convocatoria/canal_emergencia

«EL FUTURO DE NUESTRAS DANZAS SE CONTRUYE HOY»

-GUILLE VIDAL RIBAS

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